30/11/10
Piensa en la rabia. Piensa en la rabia que te consume. Piensa en la impotencia que te aplasta, que te pisa como a un puto insecto. Piensa, y recuerda esa puta impotencia que te hace sentir pequeño, flojo, tonto e inutil. Y piensa, y acuerdate de que la mayoría de esta impotencia es solo culpa tuya.
No tiene sentido tener miedo a elegir. Cuando eliges algo, no pierdes lo que no eliges si te sientes bien con lo elegido. No se pierde, ya que es imposible a veces, tener 2 cosas a la vez, luego la elección es obligatoria, a no ser que te quieras quedar con nada.
Los "Y si" son los que matan. Son ridiculos, pero caemos todo el rato en ellos. Nada de "Y si". Solo "Y ahora". Y punto.
Piensa, y recuerda. Acuerdate de hoy.
martes, 4 de enero de 2011
20/09/10 (Primer dia universidad)
Todo el mundo se agarra a algo. Miro, y todas las personas son frágiles. Tienen un miedo atroz, y se agarran, para no caerse, porque a duras penas podrían soportarlo. Lo sepan o no, lo hacen. A fin de cuentas estamos programados para ello, nuestro cerebro funciona, principalmente, a través de mecanismos de defensa. Da igual en lo que creas, siempre será una mentira, más, o menos elaborada, pero una mentira a fin de cuentas, que uno sostiene como si le fuera la vida en ello. Y es que realmente te va la vida en ello, porque si no te sostienes a algo, ¿Qué eres?. Nada. Tú solo, no vales.
Todo el mundo se agarra a algo. Miro, y todas las personas son frágiles. Tienen un miedo atroz, y se agarran, para no caerse, porque a duras penas podrían soportarlo. Lo sepan o no, lo hacen. A fin de cuentas estamos programados para ello, nuestro cerebro funciona, principalmente, a través de mecanismos de defensa. Da igual en lo que creas, siempre será una mentira, más, o menos elaborada, pero una mentira a fin de cuentas, que uno sostiene como si le fuera la vida en ello. Y es que realmente te va la vida en ello, porque si no te sostienes a algo, ¿Qué eres?. Nada. Tú solo, no vales.
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02/08/10
Después de mucho tiempo, se había rendido. Era hora de asumir quien era, en quien se habia convertido, y dejar de pretender ser el recuerdo que con tanta nostalgia y tan poco exito habia perseguido durante tanto tiempo, tanto tiempo, tiempo perdido a fin de cuentas.
Tenía la respuesta delante. O la que él esperaba fuera la respuesta. El problema, la pregunta sin resolver, le surgió hace unos años. Su misterio, le reconcomía, hasta tal punto de no dejarle vivir. Su incapacidad para resolver la cuestión le consumió. Le consumió hasta límites insospechados. Le consumió hasta crear un vacío dentro de él inabarcable, e insaciable. Era un monstruo tumoroso que no paraba de crecer dentro de él.
Y se dio cuenta, e intentó acabar con él, llenándolo, llenándolo de lo que buenamente encontraba por el camino. Le valía cualquier cosa, lo intentaba con lo que fuera. Cualquier placer le servía como analgésico pero nunca como cura. Se empezó a lanzar a los brazos de las mujeres que conocía, y aunque fuera por una noche, las convertía en la mujer de su vida. Las trataba como tal, las acariciaba, las besaba, y las sentía como si fuera el último día de su vida. Se entregaba a ellas de la forma más sincera que le era posible, para encontrar que, después de una noche, a ellas también las había consumido. Lo que llevaba dentro era algo contagioso. Si el mayor de los placeres no podía con ello, entonces estaba jodido.
No valia nada, lo que tenia dentro no paraba de crecer, y de comerle. Era un vacio desolador, contra el que no se podia luchar, y que cada vez le llenaba más. Los momentos con los que intentaba combatirle cada vez se hacían más efimeros ante su presencia. Siempre estaba ahí, y él lo sabía, aunque pudiera paliar sus efectos por un breve espacio de tiempo, la imposibilidad de escape, la certeza de que él volveria a sumirle en su oscuridad infinita le quitó poco a poco todo atisbo de esperanza que en él podía habitar.
Y tanto tiempo había intentado apaciguarlo, en vez de aceptar que eso que tenía dentro no era otro, si no él mismo, de otra manera. Y después de que le fallase su cabeza, los grandes autores de la filosofía, y la vida misma, quizá, la respuesta se hallase de verdad delante suyo. Y le costaba, le resultaba dificil,y es que a fin de cuentas, asumir quien es uno realmente, y actuar en consecuencia, es dificil, y se necesita valor para hacerlo. Pero el miedo que le tenía a las agujas tampoco era para tanto...
Después de mucho tiempo, se había rendido. Era hora de asumir quien era, en quien se habia convertido, y dejar de pretender ser el recuerdo que con tanta nostalgia y tan poco exito habia perseguido durante tanto tiempo, tanto tiempo, tiempo perdido a fin de cuentas.
Tenía la respuesta delante. O la que él esperaba fuera la respuesta. El problema, la pregunta sin resolver, le surgió hace unos años. Su misterio, le reconcomía, hasta tal punto de no dejarle vivir. Su incapacidad para resolver la cuestión le consumió. Le consumió hasta límites insospechados. Le consumió hasta crear un vacío dentro de él inabarcable, e insaciable. Era un monstruo tumoroso que no paraba de crecer dentro de él.
Y se dio cuenta, e intentó acabar con él, llenándolo, llenándolo de lo que buenamente encontraba por el camino. Le valía cualquier cosa, lo intentaba con lo que fuera. Cualquier placer le servía como analgésico pero nunca como cura. Se empezó a lanzar a los brazos de las mujeres que conocía, y aunque fuera por una noche, las convertía en la mujer de su vida. Las trataba como tal, las acariciaba, las besaba, y las sentía como si fuera el último día de su vida. Se entregaba a ellas de la forma más sincera que le era posible, para encontrar que, después de una noche, a ellas también las había consumido. Lo que llevaba dentro era algo contagioso. Si el mayor de los placeres no podía con ello, entonces estaba jodido.
No valia nada, lo que tenia dentro no paraba de crecer, y de comerle. Era un vacio desolador, contra el que no se podia luchar, y que cada vez le llenaba más. Los momentos con los que intentaba combatirle cada vez se hacían más efimeros ante su presencia. Siempre estaba ahí, y él lo sabía, aunque pudiera paliar sus efectos por un breve espacio de tiempo, la imposibilidad de escape, la certeza de que él volveria a sumirle en su oscuridad infinita le quitó poco a poco todo atisbo de esperanza que en él podía habitar.
Y tanto tiempo había intentado apaciguarlo, en vez de aceptar que eso que tenía dentro no era otro, si no él mismo, de otra manera. Y después de que le fallase su cabeza, los grandes autores de la filosofía, y la vida misma, quizá, la respuesta se hallase de verdad delante suyo. Y le costaba, le resultaba dificil,y es que a fin de cuentas, asumir quien es uno realmente, y actuar en consecuencia, es dificil, y se necesita valor para hacerlo. Pero el miedo que le tenía a las agujas tampoco era para tanto...
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17/06/10
He estado un tiempo pensandote como queria pensarte. Inventandote. Ahora te veo, y me decepciono. Supongo que en realidad no encontré algo tan valioso. No se si existe algo tan valioso. Estaba bien creer que era una verdad, pero ahora se que era una mentira más. Una mentira mia, bonita, pero solo eso. ¿Existirá? No lo sé, pero la esperanza ahora es menor.
Me gustaba pensarte mejor. Perfecta. Pero ya no puedo. Has hecho méritos para ello. Y me ha resultado liberador, eso seguro. Pero desesperanzador, también.
Ahora al pensarte siento decepción. Y es un antídoto, pero no tiene buen sabor. Me parece más romántico, casi mejor morir por un veneno amado que de simple inanición.
No me gustaría llegar a repudiarte, como me suele pasar.
Hubiera sido mejor girar la cabeza a otro lado desde el primer momento, como bien decidí hace tiempo, y como mal no me hice caso, como siempre hago.
No sé. Es una lástima realmente. Pensarte me produce decepción, y es muy feo. Ya no me gusta. Quizá sea necesario. Supongo, que ahora sí, puedo empezar a pensar en dejar de pensarte. Quizá haya llegado el momento, ahora, que realmente quiero hacerlo. Y por una parte me alegro. Quizá te haya usado como excusa demasiado tiempo. Era facil. Ahora tendré que enfrentar ese cierto vacio, y ese aburrimiento que tanto me abruma. Algo me tendré que inventar para llenarlo.
Esa idea me gusta. Mejorar. Añadir cosas nuevas. Tengo que conseguirlo. Siempre en proceso.
Decepcionado, pero poco a poco. Con fallos, sin todas las cualidades, y no de la mejor manera, pero siempre poco a poco. Se puede hacer, de sobra. Como las 4 paginas del trabajito de mañana y el examen de cristianismo para el viernes. Con calma, siempre con calma...
He estado un tiempo pensandote como queria pensarte. Inventandote. Ahora te veo, y me decepciono. Supongo que en realidad no encontré algo tan valioso. No se si existe algo tan valioso. Estaba bien creer que era una verdad, pero ahora se que era una mentira más. Una mentira mia, bonita, pero solo eso. ¿Existirá? No lo sé, pero la esperanza ahora es menor.
Me gustaba pensarte mejor. Perfecta. Pero ya no puedo. Has hecho méritos para ello. Y me ha resultado liberador, eso seguro. Pero desesperanzador, también.
Ahora al pensarte siento decepción. Y es un antídoto, pero no tiene buen sabor. Me parece más romántico, casi mejor morir por un veneno amado que de simple inanición.
No me gustaría llegar a repudiarte, como me suele pasar.
Hubiera sido mejor girar la cabeza a otro lado desde el primer momento, como bien decidí hace tiempo, y como mal no me hice caso, como siempre hago.
No sé. Es una lástima realmente. Pensarte me produce decepción, y es muy feo. Ya no me gusta. Quizá sea necesario. Supongo, que ahora sí, puedo empezar a pensar en dejar de pensarte. Quizá haya llegado el momento, ahora, que realmente quiero hacerlo. Y por una parte me alegro. Quizá te haya usado como excusa demasiado tiempo. Era facil. Ahora tendré que enfrentar ese cierto vacio, y ese aburrimiento que tanto me abruma. Algo me tendré que inventar para llenarlo.
Esa idea me gusta. Mejorar. Añadir cosas nuevas. Tengo que conseguirlo. Siempre en proceso.
Decepcionado, pero poco a poco. Con fallos, sin todas las cualidades, y no de la mejor manera, pero siempre poco a poco. Se puede hacer, de sobra. Como las 4 paginas del trabajito de mañana y el examen de cristianismo para el viernes. Con calma, siempre con calma...
Perdón
12/04/10
Te miran con malos ojos. Te miran recelosos, por encima del hombro, con superioridad. Te miran con razón, y con ignorancia a la vez. Te miran así cada vez que lo haces.
Cada vez que llegas media hora tarde a cualquier cita, sin razón convincente. Cada vez que te haces daño de manera irracional. Si acabas vomitando por beber de más, si haces algo fuera de lo común y lo recomendado. Te miran mal cuando observan que tus fracasos son unicamente culpa tuya, y que no haces nada por solucionarlo. Te miran mal cuando no te ocupas de ellos como lo hacias antes. Te miran mal cuando les fallas, y te miran peor cuando ni siquiera eres capaz de dignarte a pedirles perdón después de haberles fallado. Al final, te miran mal todo el dia.
Pero no es algo que te moleste. Los comprendes. Tu tambien te mirarías mal si fueras ellos, tienen razón al hacerlo. Incluso puede que ya mires mal a otros como tú. Pero hay algo que no saben.
No saben que en realidad, tu no querías llegar tarde a esa cita. No saben que no era tu intención acabar vomitando aquella noche a pesar de saber perfectamente que ya era la 5º copa de más que te bebías. No saben que tus fracasos en realidad son tus máximas metas, pero que simplemente te resulta imposible alcanzarlas. No saben que no te puedes ocupar de ellos, porque desde hace un tiempo no te puedes ocupar de nada. No saben que en realidad no les estas fallando, si no que antes, mucho antes, te habías fallado a ti mismo, y que lo sigues haciendo. Y no saben, que te resulta imposible pedirle perdón a nadie, si ni siquiera consigues perdonarte a ti mismo.
Te miran con malos ojos. Te miran recelosos, por encima del hombro, con superioridad. Te miran con razón, y con ignorancia a la vez. Te miran así cada vez que lo haces.
Cada vez que llegas media hora tarde a cualquier cita, sin razón convincente. Cada vez que te haces daño de manera irracional. Si acabas vomitando por beber de más, si haces algo fuera de lo común y lo recomendado. Te miran mal cuando observan que tus fracasos son unicamente culpa tuya, y que no haces nada por solucionarlo. Te miran mal cuando no te ocupas de ellos como lo hacias antes. Te miran mal cuando les fallas, y te miran peor cuando ni siquiera eres capaz de dignarte a pedirles perdón después de haberles fallado. Al final, te miran mal todo el dia.
Pero no es algo que te moleste. Los comprendes. Tu tambien te mirarías mal si fueras ellos, tienen razón al hacerlo. Incluso puede que ya mires mal a otros como tú. Pero hay algo que no saben.
No saben que en realidad, tu no querías llegar tarde a esa cita. No saben que no era tu intención acabar vomitando aquella noche a pesar de saber perfectamente que ya era la 5º copa de más que te bebías. No saben que tus fracasos en realidad son tus máximas metas, pero que simplemente te resulta imposible alcanzarlas. No saben que no te puedes ocupar de ellos, porque desde hace un tiempo no te puedes ocupar de nada. No saben que en realidad no les estas fallando, si no que antes, mucho antes, te habías fallado a ti mismo, y que lo sigues haciendo. Y no saben, que te resulta imposible pedirle perdón a nadie, si ni siquiera consigues perdonarte a ti mismo.
lunes, 25 de octubre de 2010
:)
A veces me parece que todo está sucio. Si me paro a contemplar no veo nada que se libre de ese hedor que emana siempre de lo falso o de lo feo. Todo está tocado por la necesidad de aparentar, y es imposible salir de ello. La ropa, la postura, los gestos, los gustos, lo que se dice y se hace, todo parece falso.
Te gusta lo que te dicen que te tiene que gustar, y esto es así por necesidad, o imposibilidad de que sea de otra manera. Conoces lo que se te da a conocer, lo que se te permite conocer. No somos más que títeres de nuestra maldita naturaleza social. Como los putos perros, nos amoldamos a los demás por cuestión de supervivencia, y movemos o escondemos el rabo entre las piernas a tenor de lo que se nos dice que hagamos. Y cada vez estamos más contaminados. Gracias a internet, redes sociales, y las cámaras digitales, a parte de haber acabado con toda la magia que las fotos pudieran tener hace no tanto, ahora tenemos en cada segundo de nuestras vidas un autoservicio de comida rápida de primeras impresiones que nos empacha irremediablemente el juicio y el sentido común y nos infarta cualquier tipo de naturalidad o sinceridad que pudieramos tener. Y este es solo un ejemplo más.
Da la sensación de formar parte de una carrera formada por moscas luchando por ser las primeras en llegar a la gran mierda. Y cuando me paro y veo esto, no puedo evitar hacerlo desde el desprecio más profundo. No dirigido a alguien, que también, si no dirigido a todo. Y me entran arcadas cuanto más cerca lo noto. Y pienso en irme al monte a hacer ejercicio, respirar, leer, y ver a los pájaros volar de aquí para allá, y no volver a hablar nunca jamás. Silencio y paz.
Y es que nada tiene alma ya. Nada vale, nada es. Todo tiene tintes de comercial, de ser forzado. Es aburrídisimo. Nadie cumple su palabra. Antes criticaba al honor medieval y a los estúpidos que daban su vida por un concepto tan flojo, vanidoso, y egocéntrico, pero joder, hoy la gente se esfuerza por escupir a su propio honor en la cara y luego follárselo por detrás. Aquellos, por lo menos, creían en algo. Pero este párrafo no venía al cuento
El tema es que, al final, siempre vuelvo a recobrar el aliento, me levanto, y salgo zumbando, para volver a correr en busca de la gran mierda, junto con todos los demás, confiando en ser el primero en llegar, para poder elegir, y darme un bonito festín.
Te gusta lo que te dicen que te tiene que gustar, y esto es así por necesidad, o imposibilidad de que sea de otra manera. Conoces lo que se te da a conocer, lo que se te permite conocer. No somos más que títeres de nuestra maldita naturaleza social. Como los putos perros, nos amoldamos a los demás por cuestión de supervivencia, y movemos o escondemos el rabo entre las piernas a tenor de lo que se nos dice que hagamos. Y cada vez estamos más contaminados. Gracias a internet, redes sociales, y las cámaras digitales, a parte de haber acabado con toda la magia que las fotos pudieran tener hace no tanto, ahora tenemos en cada segundo de nuestras vidas un autoservicio de comida rápida de primeras impresiones que nos empacha irremediablemente el juicio y el sentido común y nos infarta cualquier tipo de naturalidad o sinceridad que pudieramos tener. Y este es solo un ejemplo más.
Da la sensación de formar parte de una carrera formada por moscas luchando por ser las primeras en llegar a la gran mierda. Y cuando me paro y veo esto, no puedo evitar hacerlo desde el desprecio más profundo. No dirigido a alguien, que también, si no dirigido a todo. Y me entran arcadas cuanto más cerca lo noto. Y pienso en irme al monte a hacer ejercicio, respirar, leer, y ver a los pájaros volar de aquí para allá, y no volver a hablar nunca jamás. Silencio y paz.
Y es que nada tiene alma ya. Nada vale, nada es. Todo tiene tintes de comercial, de ser forzado. Es aburrídisimo. Nadie cumple su palabra. Antes criticaba al honor medieval y a los estúpidos que daban su vida por un concepto tan flojo, vanidoso, y egocéntrico, pero joder, hoy la gente se esfuerza por escupir a su propio honor en la cara y luego follárselo por detrás. Aquellos, por lo menos, creían en algo. Pero este párrafo no venía al cuento
El tema es que, al final, siempre vuelvo a recobrar el aliento, me levanto, y salgo zumbando, para volver a correr en busca de la gran mierda, junto con todos los demás, confiando en ser el primero en llegar, para poder elegir, y darme un bonito festín.
jueves, 21 de octubre de 2010
Sencillo
De pequeño me lo pasaba genial por las tardes. Las mañanas estaban bien, caóticas, con otros niños pequeños atontados como tú correteando por ahí, y todo eso...pero las tardes eran simplemente perfectas.
A la salida de clase, me solía recoger mi padre. Me encantaba volver a casa con mi padre. Era lo que yo quería ser. Me encantaba hablar con él, y contarle lo que había hecho en el recreo. De pequeño era bueno jugando al fútbol, y se lo contaba. Sé que a él le encantaba también.
Al llegar a casa, mi padre me hacía la merienda, a la vez que se hacía la suya, y en seguida me la traía en una bandeja a mi habitación. Cereales de chocolate, leche, y alguna serie de dibujos animados, probablemente en La 2, ¿Qué más se puede pedir?. Al terminar de merendar, seguía viendo la tele, y los días que tenía suerte, me dejaban comerme unas palomitas al microondas más tarde. Luego, venía la decisión más difícil del día. La cosa estaba entre jugar a la videoconsola, seguir viendo la tele, está vez el canal plus en abierto, alguna serie como la de las gárgolas, que me encantaba, o, jugar con mi hermano al fútbol en el pasillo de casa. Cuando jugábamos, a veces le dábamos con la pelota sin querer al interruptor general de la luz de casa, y nos quedábamos a oscuras. Entonces, nos asustábamos mucho, porque mi padre trabajaba con su ordenador y perdía lo hecho, y nos echaba la bronca. Aunque luego, en realidad, no se enfadaba mucho, y no sabía por qué. Otras veces, dábamos a unas figuritas de cristal que había a un lado de la pared, y la que se enfadaba era mi madre, aunque misteriosamente nunca se llegaban a romper. Lo que no sé es por qué nunca tapamos el interruptor, o cambiamos las figuritas de sitio, si siempre les acabábamos dando.
Júgabamos horas con el balón de plástico, chutando "de campo a campo", teniendo como porterías la puerta del salón, y la de la cocina, que era translúcida, y dejaba ver la silueta de mi madre mientras ésta hacía nuestra cena. Cuando los platos empezaban a viajar desde la cocina hasta la mesa del salón, sabíamos que el partido estaba apunto de acabar, si es que no había acabado antes ya por alguna desafortunada patada a alguna de las paredes o algúna rabieta mía por ir perdiendo.
Después, cenábamos, algo rico normalmente. Terminaba, leia algún libro, y me iba a dormir, satisfecho cómo nunca. Feliz.
A veces consigo volver a sentirme así. Hoy, después de merendar, por ejemplo.
Me he tumbado en el sillón del salón, después de merendar, tapado con una manta, y he seguido viendo la serie Scrubs, que me encanta. Echaban un montón de capítulos, como cuatro seguidos, y cuando me he dado cuenta de todo el tiempo que tenía para estar ahí, he sido simplemente feliz.
Mañana, tengo un examen y una lectura a entregar, y no he empezado ninguna de las dos, pero ahora no me importa. Me siento simplemente feliz. Me quedaría para siempre aquí. Que más da lo demás....Creo que de mayor, puedo ser feliz.
A la salida de clase, me solía recoger mi padre. Me encantaba volver a casa con mi padre. Era lo que yo quería ser. Me encantaba hablar con él, y contarle lo que había hecho en el recreo. De pequeño era bueno jugando al fútbol, y se lo contaba. Sé que a él le encantaba también.
Al llegar a casa, mi padre me hacía la merienda, a la vez que se hacía la suya, y en seguida me la traía en una bandeja a mi habitación. Cereales de chocolate, leche, y alguna serie de dibujos animados, probablemente en La 2, ¿Qué más se puede pedir?. Al terminar de merendar, seguía viendo la tele, y los días que tenía suerte, me dejaban comerme unas palomitas al microondas más tarde. Luego, venía la decisión más difícil del día. La cosa estaba entre jugar a la videoconsola, seguir viendo la tele, está vez el canal plus en abierto, alguna serie como la de las gárgolas, que me encantaba, o, jugar con mi hermano al fútbol en el pasillo de casa. Cuando jugábamos, a veces le dábamos con la pelota sin querer al interruptor general de la luz de casa, y nos quedábamos a oscuras. Entonces, nos asustábamos mucho, porque mi padre trabajaba con su ordenador y perdía lo hecho, y nos echaba la bronca. Aunque luego, en realidad, no se enfadaba mucho, y no sabía por qué. Otras veces, dábamos a unas figuritas de cristal que había a un lado de la pared, y la que se enfadaba era mi madre, aunque misteriosamente nunca se llegaban a romper. Lo que no sé es por qué nunca tapamos el interruptor, o cambiamos las figuritas de sitio, si siempre les acabábamos dando.
Júgabamos horas con el balón de plástico, chutando "de campo a campo", teniendo como porterías la puerta del salón, y la de la cocina, que era translúcida, y dejaba ver la silueta de mi madre mientras ésta hacía nuestra cena. Cuando los platos empezaban a viajar desde la cocina hasta la mesa del salón, sabíamos que el partido estaba apunto de acabar, si es que no había acabado antes ya por alguna desafortunada patada a alguna de las paredes o algúna rabieta mía por ir perdiendo.
Después, cenábamos, algo rico normalmente. Terminaba, leia algún libro, y me iba a dormir, satisfecho cómo nunca. Feliz.
A veces consigo volver a sentirme así. Hoy, después de merendar, por ejemplo.
Me he tumbado en el sillón del salón, después de merendar, tapado con una manta, y he seguido viendo la serie Scrubs, que me encanta. Echaban un montón de capítulos, como cuatro seguidos, y cuando me he dado cuenta de todo el tiempo que tenía para estar ahí, he sido simplemente feliz.
Mañana, tengo un examen y una lectura a entregar, y no he empezado ninguna de las dos, pero ahora no me importa. Me siento simplemente feliz. Me quedaría para siempre aquí. Que más da lo demás....Creo que de mayor, puedo ser feliz.
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