lunes, 10 de enero de 2011

Punto y seguido.

Se acabó. Ya no siento este blog como mío. Creo que algo ha cambiado. Yo básicamente.

Así que haré algo que me gusta, aunque pueda parecer contradictorio. Volver a los inicios, al origen, a la idea primigenia. Como acto simbólico de cambio. Me gustan los actos simbólicos. Bueno, a veces. Otras veces, no me gustan. Depende. Cuando los hago yo sí. Claro.

Otro blog que no vea nadie, para mí. Vamos a recuperar algo de pureza. Eso hasta que me enamore o medio-enamore de nosequien o en un acto de sinceridad estúpida o de vanidad le diga a alguien la dirección del nuevo y ya la hayamos jodido. Pero bueno, hay que tener esperanza.

Aquí ya solo quedan escombros.

Mua

martes, 4 de enero de 2011

Expiación

Hoy voy a estudiar. Al menos voy a intentarlo, pero de verdad, después de unos cuantos meses sin hacerlo.

Pero justo antes de empezar, me he encontrado con un sentimiento familiar. Incómodo, algo melancólico. El mismo sentimiento que aparece cada vez que me enfrento a mis monstruos, y a mis fracasos. El que me suele empujar a escribir la mierda que escribo aquí. Creo que es culpa.

Siento culpa, y vengo aquí a expiarla. Transformo mis fallos, mis fracasos, en razones, y las sustento con miles de excusas con diferentes nombres, aunque sé que soy yo. Vengo aquí, y comparto mis mentiras con los poquísimos que me leen y con los que me imagino que puedan hacerlo por casualidad, esperando que me comprendan, aunque sea en lo más mínimo, para así, sentir que tengo parte de razón, para engañarme y pensar que parte de estas mentiras son verdad, y liberar algo de la carga que a veces siento sobre mis hombros. Entre varios, las cosas pesan menos.

He sacado también la basura de paseo. Todos los borradores no acabados están ahí. Todos no, pero lo que no, no era ni borrador. Son prescindibles. Momentos de rabia, sentimientos puntuales, pensamientos de fondo, verdades y mentiras, todo mal expresados.

Últimamente ya no tengo nada que decir. Pero nada, nada. Ni ganas. Estoy casi vacío, y ahora me empiezo a llenar. Eso es algo bueno. Pero no es fácil. Cuando empiezas a hacer las cosas bien, aparecen los miedos. Miedo a no hacer lo más correcto, miedo a destrozar todo lo conseguido, a estar siguiendo un mal camino. Supongo que es más fácil ser alguien aparentemente destrozado sin valores, que intentar ser alguien "bueno". Pero basta de hablar de fácil o difícil. Decir que algo es difícil no deja de ser una excusa. Hay que hacerlo, y punto.

Quería decir algo más, pero ya no sé el que. Me empieza a no gustar este blog. Empiezo a no reconocerlo. Puede que haya que ir dejándolo atrás.

Ahora, ME CAGO EN DIOS, porque me acaban de decir que tengo que bajar a la calle a hacer un recado de mierda. Lo de siempre.

PD: Ah sí, el final de American Beauty. No lo veais si no habeis visto ya la película.
http://www.youtube.com/watch?v=Qne9op0VOjc

(Aun asi, el personaje de esta pelicula es mentira. Él tiene dinero "infinito" por una estafa fácil que hace al jefe de su trabajo. Así yo también me atrevo a ser libre)
14/12/10

Me aburro. Muchas veces me preguntan ¿Cómo pudiste hacer eso? A veces yo también me lo pregunto. Incluso no me reconozco. Pero viéndome ahora, sé porque hago las cosas.

Me aburro. Me aburro infinitamente. Me aburro a mi mismo. Me conozco mucho, son 20 años ya, y soy un coñazo. Necesito cambios, cosas nuevas, objetivos. Aventurillas pequeñas, escaramuzas, objetivos más o menos posibles, novedades, noticias, movimiento, cotilleos, peleas y reconciliaciones, problemas, lloros, tensión y despues, relajación. Ajenas, aunque más propias, pero algo de eso, por favor.

Pero ya pocas cosas me producen algo. Por eso si encuentro algo, por pequeño que sea, por raro, extraño, feo, común o poco común, me lanzo a ello. Y si se tercia, daré todo lo que llevo dentro para conseguirlo, mantenerlo, o buscarlo. Algo nuevo. No pido tanto. Aunque no sepa ni identificar lo que me produce, aunque se trate de un atisbo de sentimiento, lo quiero.

De momento...

Memoria

30/11/10

Piensa en la rabia. Piensa en la rabia que te consume. Piensa en la impotencia que te aplasta, que te pisa como a un puto insecto. Piensa, y recuerda esa puta impotencia que te hace sentir pequeño, flojo, tonto e inutil. Y piensa, y acuerdate de que la mayoría de esta impotencia es solo culpa tuya.

No tiene sentido tener miedo a elegir. Cuando eliges algo, no pierdes lo que no eliges si te sientes bien con lo elegido. No se pierde, ya que es imposible a veces, tener 2 cosas a la vez, luego la elección es obligatoria, a no ser que te quieras quedar con nada.

Los "Y si" son los que matan. Son ridiculos, pero caemos todo el rato en ellos. Nada de "Y si". Solo "Y ahora". Y punto.

Piensa, y recuerda. Acuerdate de hoy.
20/09/10 (Primer dia universidad)

Todo el mundo se agarra a algo. Miro, y todas las personas son frágiles. Tienen un miedo atroz, y se agarran, para no caerse, porque a duras penas podrían soportarlo. Lo sepan o no, lo hacen. A fin de cuentas estamos programados para ello, nuestro cerebro funciona, principalmente, a través de mecanismos de defensa. Da igual en lo que creas, siempre será una mentira, más, o menos elaborada, pero una mentira a fin de cuentas, que uno sostiene como si le fuera la vida en ello. Y es que realmente te va la vida en ello, porque si no te sostienes a algo, ¿Qué eres?. Nada. Tú solo, no vales.

,,,

02/08/10

Después de mucho tiempo, se había rendido. Era hora de asumir quien era, en quien se habia convertido, y dejar de pretender ser el recuerdo que con tanta nostalgia y tan poco exito habia perseguido durante tanto tiempo, tanto tiempo, tiempo perdido a fin de cuentas.

Tenía la respuesta delante. O la que él esperaba fuera la respuesta. El problema, la pregunta sin resolver, le surgió hace unos años. Su misterio, le reconcomía, hasta tal punto de no dejarle vivir. Su incapacidad para resolver la cuestión le consumió. Le consumió hasta límites insospechados. Le consumió hasta crear un vacío dentro de él inabarcable, e insaciable. Era un monstruo tumoroso que no paraba de crecer dentro de él.

Y se dio cuenta, e intentó acabar con él, llenándolo, llenándolo de lo que buenamente encontraba por el camino. Le valía cualquier cosa, lo intentaba con lo que fuera. Cualquier placer le servía como analgésico pero nunca como cura. Se empezó a lanzar a los brazos de las mujeres que conocía, y aunque fuera por una noche, las convertía en la mujer de su vida. Las trataba como tal, las acariciaba, las besaba, y las sentía como si fuera el último día de su vida. Se entregaba a ellas de la forma más sincera que le era posible, para encontrar que, después de una noche, a ellas también las había consumido. Lo que llevaba dentro era algo contagioso. Si el mayor de los placeres no podía con ello, entonces estaba jodido.

No valia nada, lo que tenia dentro no paraba de crecer, y de comerle. Era un vacio desolador, contra el que no se podia luchar, y que cada vez le llenaba más. Los momentos con los que intentaba combatirle cada vez se hacían más efimeros ante su presencia. Siempre estaba ahí, y él lo sabía, aunque pudiera paliar sus efectos por un breve espacio de tiempo, la imposibilidad de escape, la certeza de que él volveria a sumirle en su oscuridad infinita le quitó poco a poco todo atisbo de esperanza que en él podía habitar.

Y tanto tiempo había intentado apaciguarlo, en vez de aceptar que eso que tenía dentro no era otro, si no él mismo, de otra manera. Y después de que le fallase su cabeza, los grandes autores de la filosofía, y la vida misma, quizá, la respuesta se hallase de verdad delante suyo. Y le costaba, le resultaba dificil,y es que a fin de cuentas, asumir quien es uno realmente, y actuar en consecuencia, es dificil, y se necesita valor para hacerlo. Pero el miedo que le tenía a las agujas tampoco era para tanto...

...

17/06/10

He estado un tiempo pensandote como queria pensarte. Inventandote. Ahora te veo, y me decepciono. Supongo que en realidad no encontré algo tan valioso. No se si existe algo tan valioso. Estaba bien creer que era una verdad, pero ahora se que era una mentira más. Una mentira mia, bonita, pero solo eso. ¿Existirá? No lo sé, pero la esperanza ahora es menor.

Me gustaba pensarte mejor. Perfecta. Pero ya no puedo. Has hecho méritos para ello. Y me ha resultado liberador, eso seguro. Pero desesperanzador, también.

Ahora al pensarte siento decepción. Y es un antídoto, pero no tiene buen sabor. Me parece más romántico, casi mejor morir por un veneno amado que de simple inanición.

No me gustaría llegar a repudiarte, como me suele pasar.

Hubiera sido mejor girar la cabeza a otro lado desde el primer momento, como bien decidí hace tiempo, y como mal no me hice caso, como siempre hago.

No sé. Es una lástima realmente. Pensarte me produce decepción, y es muy feo. Ya no me gusta. Quizá sea necesario. Supongo, que ahora sí, puedo empezar a pensar en dejar de pensarte. Quizá haya llegado el momento, ahora, que realmente quiero hacerlo. Y por una parte me alegro. Quizá te haya usado como excusa demasiado tiempo. Era facil. Ahora tendré que enfrentar ese cierto vacio, y ese aburrimiento que tanto me abruma. Algo me tendré que inventar para llenarlo.

Esa idea me gusta. Mejorar. Añadir cosas nuevas. Tengo que conseguirlo. Siempre en proceso.

Decepcionado, pero poco a poco. Con fallos, sin todas las cualidades, y no de la mejor manera, pero siempre poco a poco. Se puede hacer, de sobra. Como las 4 paginas del trabajito de mañana y el examen de cristianismo para el viernes. Con calma, siempre con calma...

Perdón

12/04/10

Te miran con malos ojos. Te miran recelosos, por encima del hombro, con superioridad. Te miran con razón, y con ignorancia a la vez. Te miran así cada vez que lo haces.

Cada vez que llegas media hora tarde a cualquier cita, sin razón convincente. Cada vez que te haces daño de manera irracional. Si acabas vomitando por beber de más, si haces algo fuera de lo común y lo recomendado. Te miran mal cuando observan que tus fracasos son unicamente culpa tuya, y que no haces nada por solucionarlo. Te miran mal cuando no te ocupas de ellos como lo hacias antes. Te miran mal cuando les fallas, y te miran peor cuando ni siquiera eres capaz de dignarte a pedirles perdón después de haberles fallado. Al final, te miran mal todo el dia.

Pero no es algo que te moleste. Los comprendes. Tu tambien te mirarías mal si fueras ellos, tienen razón al hacerlo. Incluso puede que ya mires mal a otros como tú. Pero hay algo que no saben.

No saben que en realidad, tu no querías llegar tarde a esa cita. No saben que no era tu intención acabar vomitando aquella noche a pesar de saber perfectamente que ya era la 5º copa de más que te bebías. No saben que tus fracasos en realidad son tus máximas metas, pero que simplemente te resulta imposible alcanzarlas. No saben que no te puedes ocupar de ellos, porque desde hace un tiempo no te puedes ocupar de nada. No saben que en realidad no les estas fallando, si no que antes, mucho antes, te habías fallado a ti mismo, y que lo sigues haciendo. Y no saben, que te resulta imposible pedirle perdón a nadie, si ni siquiera consigues perdonarte a ti mismo.

lunes, 25 de octubre de 2010

:)

A veces me parece que todo está sucio. Si me paro a contemplar no veo nada que se libre de ese hedor que emana siempre de lo falso o de lo feo. Todo está tocado por la necesidad de aparentar, y es imposible salir de ello. La ropa, la postura, los gestos, los gustos, lo que se dice y se hace, todo parece falso.

Te gusta lo que te dicen que te tiene que gustar, y esto es así por necesidad, o imposibilidad de que sea de otra manera. Conoces lo que se te da a conocer, lo que se te permite conocer. No somos más que títeres de nuestra maldita naturaleza social. Como los putos perros, nos amoldamos a los demás por cuestión de supervivencia, y movemos o escondemos el rabo entre las piernas a tenor de lo que se nos dice que hagamos. Y cada vez estamos más contaminados. Gracias a internet, redes sociales, y las cámaras digitales, a parte de haber acabado con toda la magia que las fotos pudieran tener hace no tanto, ahora tenemos en cada segundo de nuestras vidas un autoservicio de comida rápida de primeras impresiones que nos empacha irremediablemente el juicio y el sentido común y nos infarta cualquier tipo de naturalidad o sinceridad que pudieramos tener. Y este es solo un ejemplo más.

Da la sensación de formar parte de una carrera formada por moscas luchando por ser las primeras en llegar a la gran mierda. Y cuando me paro y veo esto, no puedo evitar hacerlo desde el desprecio más profundo. No dirigido a alguien, que también, si no dirigido a todo. Y me entran arcadas cuanto más cerca lo noto. Y pienso en irme al monte a hacer ejercicio, respirar, leer, y ver a los pájaros volar de aquí para allá, y no volver a hablar nunca jamás. Silencio y paz.

Y es que nada tiene alma ya. Nada vale, nada es. Todo tiene tintes de comercial, de ser forzado. Es aburrídisimo. Nadie cumple su palabra. Antes criticaba al honor medieval y a los estúpidos que daban su vida por un concepto tan flojo, vanidoso, y egocéntrico, pero joder, hoy la gente se esfuerza por escupir a su propio honor en la cara y luego follárselo por detrás. Aquellos, por lo menos, creían en algo. Pero este párrafo no venía al cuento

El tema es que, al final, siempre vuelvo a recobrar el aliento, me levanto, y salgo zumbando, para volver a correr en busca de la gran mierda, junto con todos los demás, confiando en ser el primero en llegar, para poder elegir, y darme un bonito festín.

jueves, 21 de octubre de 2010

Sencillo

De pequeño me lo pasaba genial por las tardes. Las mañanas estaban bien, caóticas, con otros niños pequeños atontados como tú correteando por ahí, y todo eso...pero las tardes eran simplemente perfectas.

A la salida de clase, me solía recoger mi padre. Me encantaba volver a casa con mi padre. Era lo que yo quería ser. Me encantaba hablar con él, y contarle lo que había hecho en el recreo. De pequeño era bueno jugando al fútbol, y se lo contaba. Sé que a él le encantaba también.

Al llegar a casa, mi padre me hacía la merienda, a la vez que se hacía la suya, y en seguida me la traía en una bandeja a mi habitación. Cereales de chocolate, leche, y alguna serie de dibujos animados, probablemente en La 2, ¿Qué más se puede pedir?. Al terminar de merendar, seguía viendo la tele, y los días que tenía suerte, me dejaban comerme unas palomitas al microondas más tarde. Luego, venía la decisión más difícil del día. La cosa estaba entre jugar a la videoconsola, seguir viendo la tele, está vez el canal plus en abierto, alguna serie como la de las gárgolas, que me encantaba, o, jugar con mi hermano al fútbol en el pasillo de casa. Cuando jugábamos, a veces le dábamos con la pelota sin querer al interruptor general de la luz de casa, y nos quedábamos a oscuras. Entonces, nos asustábamos mucho, porque mi padre trabajaba con su ordenador y perdía lo hecho, y nos echaba la bronca. Aunque luego, en realidad, no se enfadaba mucho, y no sabía por qué. Otras veces, dábamos a unas figuritas de cristal que había a un lado de la pared, y la que se enfadaba era mi madre, aunque misteriosamente nunca se llegaban a romper. Lo que no sé es por qué nunca tapamos el interruptor, o cambiamos las figuritas de sitio, si siempre les acabábamos dando.

Júgabamos horas con el balón de plástico, chutando "de campo a campo", teniendo como porterías la puerta del salón, y la de la cocina, que era translúcida, y dejaba ver la silueta de mi madre mientras ésta hacía nuestra cena. Cuando los platos empezaban a viajar desde la cocina hasta la mesa del salón, sabíamos que el partido estaba apunto de acabar, si es que no había acabado antes ya por alguna desafortunada patada a alguna de las paredes o algúna rabieta mía por ir perdiendo.

Después, cenábamos, algo rico normalmente. Terminaba, leia algún libro, y me iba a dormir, satisfecho cómo nunca. Feliz.

A veces consigo volver a sentirme así. Hoy, después de merendar, por ejemplo.
Me he tumbado en el sillón del salón, después de merendar, tapado con una manta, y he seguido viendo la serie Scrubs, que me encanta. Echaban un montón de capítulos, como cuatro seguidos, y cuando me he dado cuenta de todo el tiempo que tenía para estar ahí, he sido simplemente feliz.

Mañana, tengo un examen y una lectura a entregar, y no he empezado ninguna de las dos, pero ahora no me importa. Me siento simplemente feliz. Me quedaría para siempre aquí. Que más da lo demás....Creo que de mayor, puedo ser feliz.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Una de miedo

Ahora mismo estoy en una película de miedo. Han acontecido asesinatos extraños a mi alrededor, y yo y un grupo de amigos estamos seguros de que algo sobrenatural y maligno está detrás de todo el asunto. De hecho, lo más probable es que nosotros seamos la causa de la liberación de tal fuerza, y más en específico, lo soy yo, que fui el artífice de cierta fatídica idea. Vamos, lo típico.

Ahora, estoy solo, en mi habitación, y he oído ciertos ruidos demasiado extraños en el salón. De repente, la minicadena se enciende sola, y empieza a sonar la música desde los altavoces, en concreto, una canción cuya letra da lugar a dobles sentidos concernientes a asesinatos, sangre, dolor y amor.

Con todo esto que os he contado, lo más lógico, sería no ir al salón. Encerrarme en mi habitación y llamar a la policía. Gritar por el patio ayuda, o salir de casa y correr escaleras abajo hasta estar en la calle, rodeado de gente, donde los fantasmas no aparecen. Hacer cualquier cosa, menos ir al salón a comprobar que en realidad esos ruidos no son nada.

Claro, es muy fácil decirlo, pero cuando es uno el que está dentro de la película...¿Adivinais que hace?

lunes, 14 de junio de 2010

Virgen

Dicen que siempre hay una primera vez. Y yo creo que es verdad. La primera vez que lloras. La primera vez que te enamoras. La primera vez que follas. La primera vez que mueres. Y asi, un monton de primeras veces más. Tan claves, todas ellas.

Las primeras veces, estan bien. Pero lo que no me dijeron, es que podia haber solo primeras veces. Y es que yo, cada dia, me vuelvo virgen. Vuelvo a los principios, a mis primeras veces, y no sé por qué ni como, pero simplemente lo hago. Cada dia es una nueva primera vez para mi, por raro que esto pueda sonar. Y así, cada mañana, vivo una nueva y vieja primera vez. Cada mañana es la primera vez en la que empezaré a ser ordenado. El primer dia de otros tantos en los que no fumaré. La primera vez de otras que llegarán, en la que empezaré a ser responsable, a llevar una rutina, a saber cuidar de mi mismo, a pensar y actuar con respecto a lo que pienso. La primera vez en muchas cosas de esas.

Pero claro, las primeras veces, tienen algo en común. Si las primeras veces no tuvieran nada en común, no serían primeras veces, serían una vaca, una silla, y una manzana.

¿Que qué tienen en común? Que suelen ser exageradas, bochornosas, dificiles, bonitas...Impactantes, normalmente. Por falta de experiencia en el asunto. Y algo común, en las primeras veces, es no hacerlo del todo bien. Como cuando follas, por primera vez, y te corres, pero ella no. No has acabado el trabajo. Pues yo, me corro antes de tiempo todos los dias, como buen virgen que soy cada mañana. Cada mañana, fumo antes de terminar de no fumar en ese dia. Me jodo antes de terminar de cuidarme, me hundo antes de terminar de subir, y asi, sucesivamente.

Y es una gran putada. No sé donde me dejé el nudo y el desarrollo de mis principios, de mis primeras veces, pero tendré que buscarlo. Donde, eso ya es mas dificil. Si mi problema fuera realmente la eyaculación precoz, le preguntaría a Pelé, que de estas cosas sabe mucho, pero de nudos y desenlaces, no se, no se....

Por lo menos, tengo muchas oportunidades, y es que, quien no se consuela, es porque no quiere, el muy gilipollas. Supongo, que, mientras mañana no sea la primera vez en la que no me planteo mas primeras veces, sigue habiendo esperanza. Supongo.

domingo, 30 de mayo de 2010

Victima

De bromas pesadas

martes, 25 de mayo de 2010

Adiós

Solo fueron eso. Palabras. Palabras como las demas, con las mismas letras del abecedario que todas las demás. Igual de perecederas que los momentos a los que pertenecieron. Momentos, solo eso. Pequeños, fugaces. Pero te empeñas en darlos trascendencia. Te agarras a ellos tanto tiempo después, cuando dejaron de existir en el mismo instante en el que ocurrieron. Fueron eso, y nada más. Nada más. Ni si quiera eres capaz de dibujarlos fielmente en tu recuerdo. Y aunque pudieras, que te aportaría. Nada. Recordarlos es solo una pérdida de tiempo. Una mala pesadilla, deformada por nuestra estupidez, nuestro egoísmo, y nuestra inmadurez. Recordar no es vivir. No se le parece en nada. Es como masturbarse y pretender sentir lo mismo que al echar un polvo. Frustrante y ridículo.

Lo que fue, fue. Y no es, ni será. Es imposible. Fue, y punto. No es tan dificil de entender. Pero tu has querido llevar la contraria a toda lógica durante demasiado tiempo. Has decidido definirte como persona a partir de algo tan poco tangible, tan transitorio, y tan ridículo, que has perdido todo el sentido común que antes tenías. Palabras, acciones, sentimientos. Todo forma parte del tiempo. Todo es humo, ambiguo, cambiante, inestable. Nos cuesta tan poco verlo cuando somos nosotros, pero nos cuesta tanto cuando nos pasa a nosotros. Somos tan tontos. Pero ya no más. Se acabó.

Fue un momento largo. Fue un momento bueno. Pero fue eso. Fue, y ya esta. Y ahora es, y luego, será. Y por eso ya no me preocupo más. Creo que estoy tranquilo. He sido estúpido, pero ya no más. Es como si estuviera triste todo el rato por no estar eufórico las 24 horas del dia. Ridiculo, irreal, imposible.

Me he dado cuenta de que jamás tuve la posibilidad de alargarte. De que todo cambia. Solo fueron eso, palabras. Palabras de las que queda el eco. Pero el eco, no es lo mismo que las palabras, igual que el tú que yo recuerdo, que no es ni la sombra de lo que fuiste, ni de lo que ya no eres. Y ahora lo sé. Por fin sé como acaba esto. Por fin me doy cuenta de que me salté el final, hace tantisimo tiempo. Pero hoy lo cierro. Y ya no hay más intriga, no hay mas duda, no hay más oscuridad. Hoy sé que ya acabé. Así que, supongo, que puedo empezar otra cosa.

He descubierto que sigo respirando. Como lo hacia antes, lo hago ahora, y lo haré despues. Es lo único que no cambia. Respiro. Respiro igual. Vivo igual. Y cuando deje de hacerlo, ahi se quedará, como todo lo demás. Pero mientras, habrá que avanzar. Seguir respirando. Seguir viviendo. Pasar mas momentos. Momentos. Nada más.

Solo fueron eso. Gracias. Adiós.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Como a unas 15

Ya está. Terminó. Acababa por fin de poner el último nombre de esa lista improvisada. Ya iba a poder responder con exactitud a la mítica pregunta. No la había hecho por fardar, ni había sido algo premeditado, pero la conversación con su amigo le sugirió tal idea. Al fin y al cabo, tampoco estaba mal hacer una lista de todas las mujeres a las que se había follado, si solo la iba a ver él y nadie más. Y que coño, nunca viene mal tener clara esa cifra en una noche de borrachera en la casa de un amigo. En realidad era culpa de los putos deberes de matemáticas. No había quien se concentrase con ellos.

Volvió a mirar la lista de nombres, ahí, puestos en columna, rodeados por un montón de cuentas e integrales, erroneas todas ellas. Empezó a leerla, asimilandola un poquito más. La verdad es que no era muy larga. Era normal. Incluso le gustaría que fuera algo más corta, total, de algunas no se acordaba ni intentandolo, y de otras, mejor no acordarse. Ahora, otras estaban bien, joder, no hay que pasarse.

Pero algo le llamó la atención. Había un nombre que destacaba sobre los demás. No había puesto cuidado en la escritura de ninguno, casi ni miraba al papel mientras hacía la lista, solo recordaba, y su mano, se movía. No entendia, entonces, el por qué de las diferencias en ese nombre. O quizás sí.

Lilian. Ahi estaba, limpio, recto, y sobretodo, con la primera letra en mayúscula. Era el único que tenía la primera letra mayúscula. Siempre hacía lo mismo. En listas, en examenes de geografía, y similares, por alguna extraña razón, siempre se le olvidaba poner la mayúscula al principio. Le pasaba en todo lo que no fueran escritos. Siempre. Menos esta vez. Lilian. No podia ser otra. Se acordó de algo que decía su profesor de primaria "Pepe va con mayúscula, porque no es un burro". Que gilipollez. Pero le sirvió para aprenderselo bien en su momento. No sabía porque le venía esa frase a la cabeza.

Lilian. No era bueno acordarse de ella ahora. No era su intención. El inconsciente, tan sincero como siempre, le había jugado una mala pasada, pero él, que era muy listo, se hizo el tonto, y siguió haciendo cuentas.

Volvió a hacer una integral, esa que rodeaba la famosa lista, y que tantas veces había repetido. Tardó 20 minutos, pero, por fin, llegó a un resultado, y tenía buena pinta. Lo cotejó con el resultado dado por el profesor. Mal. Otra vez mal. No había hecho una sola cuenta bien en las 5 horas que llevaba ahí plantado. O eso le parecía a él. Era pronto todavia, pero no merecía la pena, asi que decidió recoger, y dormirse. Prefería suspender despierto y tranquilo, que dormido y de mala hostia.

Recogió todo. Echó un último vistazo antes de dormirse. ¿Tenia todo? Malo sería que no hubiera guardado el DNI en la mochila. Mientras revisaba, volvió a ver su lista, ahí, sola, encima de la mesa. La guardó con cariño en cierto cajón, y tranquilo, se acostó.

No tenia muy claro por qué guardaba eso, pero le gustaba. Le hizo sentir seguro, a salvo. Lilian. Hacía mucho tiempo de eso ya. Respiró hondo. Lilian. "Mierda", pensó. Se le acaba de olvidar a cuantas se había follado. ¿Eran catorce? ¿Dieciseis? Mañana lo miraría otra vez. O mejor no. Así es más bonito...

miércoles, 12 de mayo de 2010

Sentido

Hoy he llegado a la conclusión de que soy totalmente superficial. Superficial a todas luces, con todas las letras de la palabra. Ni "lo importante es lo de dentro", ni poyadas de esas, todo eso es mentira. Llámame superficial de mierda si quieres, sí. Pero no es culpa mía.

Siempre lo había sospechado, pero hoy por fin me he convencido de ello. Y el caso es que, he tardado demasiado en darme cuenta, aun a pesar de que mi superficialidad era lo que me daba razones para levantarme de la cama todos estos años. Me daba razones para seguir, para mejorar, para vivir. De la razón de mi superficialidad se extrapolaba el sentido que yo le he dado a mi vida todo este tiempo. Y hasta hoy no lo he descubierto, pese a vivir con respecto a ello.

Y vale, he tardado mucho, pero en realidad, no habría sido dificil verlo, si me hubiera fijado más atentamente antes. La respuesta al por qué, simplemente estaba ahí, delante de mis narices, presente en el dia a día, y yo, como un imbecil, no supe verla, leerla, interpretarla, ni aprenderla, pero solo el mero eco de la misma ya era suficiente como para darme un poquito de sabiduría, a pesar de mi tremenda ignorancia, y seguir animandome a buscarla.

Y ha sido culpa tuya. Como siempre. Tantas veces he hablado de ti, y tantas veces te he despreciado sin darme cuenta. Pero una vez más, has sido tú.

Es como si la belleza del mundo se canalizara a través de ti y de cada uno de tus gestos. Es como si todos esos conceptos bonitos que no vemos, los del bien, la felicidad, la bondad, y demás, se hicieran realidad en ti, como si fueras la imagen que hace palpable el recuerdo, el video de una historia, la prueba de un hecho. Eres la verdad que confirma una realidad mucho más grande, y, sin embargo, tú, en tu singularidad, eres mucho más valiosa que todo eso que representas, al ser tú su principio y su final, la prueba de su veracidad, el sentido de aquello de lo que tu eres bandera.

Y lo mejor de todo, es que no puedes evitar serlo. No lo haces a propósito, ni posiblemente podrías dejar de hacerlo aunque quisieras. Simplemente lo eres, porque lo eres. Eres algo tan grande que tú misma eres el sentido de tu propia existencia. Como lo es la vida. Como lo debería ser el hombre. Por esto, eres incorrompible, irrefutable, innegable e incuestionable. O al menos, lo es lo que tu expresas, lo que transformas en hechos, lo que en ti se convierte en carne.

Y no puedes evitarlo. No puedes evitar expresar todo eso. Para saberlo basta con observar tu simple sonrisa de niña pequeña, tan ingenua por su sinceridad. O cada postura que pones, como cuando tienes frío, y te encoges. O cada gesto que haces cuando interpretas, cuentas, o explicas. Cada mirada a los ojos, como casi sin darle importancia. Como tu actitud, pausada, triste, jovial cuando quieres. Como tu.

Basta con observarte. Cada aspecto de ti es pura plasticidad. Es la acción de la belleza, y no solo sus palabras. Eres todo eso. Y estabas delante mío todo este tiempo, poniendomelo fácil, pero quizá yo no estaba preparado para verte. Quizá no estaba preparado para apreciarte. Pero ahora sé lo que busco. Sé que existes, y sé que mereces la pena. Aunque sea solo para observarte, merece la pena levantarse de la cama cada día, cada mañana.

La belleza es el sentido, y por ello, tú, eres el mío. Llámame superficial, si quieres.

lunes, 3 de mayo de 2010

Calor

Nada más entrar le acarició una sensación de calor reparadora, extremadamente agradable. Era un calor conocido, envolvente, suave, casi cariñoso. Podia notar como le recorría cada parte de su cuerpo hasta encontrarse enteramente sumergido en él.

Atrás quedaba el frío de la calle, la pesadumbre de las travesías grises de la ciudad que ese día había recorrido las suficientes veces como para no saber encontrarlas un mísero adjetivo bonito. Atrás quedaba ese viento cortante que juega a congelarte el alma, esa rapidez del dia a dia tan intimidante por su sin sentido, ese sentimiento de incomodidad perpetuo típico de los días precedidos por una muy mala noche.

No habia sido un dia malo, solo un dia duro. Un dia necesario, y duro. Pero ese día duro, se había quedado atrás, fuera, al otro lado de la puerta. Ahora solo habia calor.

Ya no le pesaba cada paso que daba. De hecho, ya no le pesaba nada. Se fue desvistiendo mientras avanzaba hacia su habitación. Era tarde ya, y apenas entraba luz por la ventana. Apretó el interruptor. La despertó. Se fijó en ella mientras se daba la vuelta hacia el armario para colocar su ropa. Allí estaba, tumbada, medio despeinada después de tres horas durmiendo, con un ojo abierto y media sonrisa en la boca después de haberle reconocido, a la vez que se estiraba, rodando como una croqueta por la cama. Preciosa.

Sentía una tranquilidad infinita. Se moría por meterse ya a la cama, pero sabía que tenía tiempo de sobra para hacerlo, asi que se lo tomó con calma. Ahora no había lugar para la ansiedad. Nada se iba a mover de su sitio. Colocó la ropa, y se puso una camiseta fina, cómoda. Apartó la sábana y se acostó, mientras la observaba. Ella tenía los ojos cerrados, pero seguía despierta, buscándole con su cuerpo, como dejando un hueco a su lado que pedía ser ocupado.

La acarició suavemente la mejilla y la besó con delicadeza. Ella apenas le devolvió el beso, ya con la luz apagada, y cada vez más dormida. Él se acurrucó en ella, la apretó contra si mismo, y se termino de recostar en su pecho. Ella le puso la mano en la nuca, casi como si de un animalillo se tratase.

¿Como podía oler alguien tan bien? Siempre se lo preguntaba. En otras condiciones, habria querido hacerle el amor, y lo hubiera intentado, recibiendo probablemente una negativa cariñosa por la otra parte, pero hoy estaba demasiado cansado como para intentar decirla que la quería de la manera mas sincera que él conocía.

Volvió a sentir ese calor familiar que antes le había parecido reconocer al entrar en la casa. Ahora le había calado completamente, y lo llevaba dentro. No podía ser mas reconfortante. Era un calor que le daba sentido a lo anterior. Ya no le parecía que había vivido un día duro, solo, que había vivido. Y eso estaba genial. Ahora, lo estaba.

Sonrió, la dio un beso donde la curvatura de su pecho empezaba a ser obscena, y simplemente empezó a dormirse...

miércoles, 28 de abril de 2010

Ingenua felicidad

No necesitaba saber que era alguien vulgar. ¿Que bien le puede hacer a alguien descubrir su propia vulgaridad?

Esta bien conocer las limitaciones de uno, los fallos, o los defectos, siempre que el conocimiento de estos aporte algo util. Esta bien conocerlos, para aceptarlos, y crecer como persona, y todo ese rollo, pero hay cosas, que es mejor no saber, porque simplemente, no se pueden aceptar.

No querría enterarme nunca de que el número ganador del euromillón se correspondía con el boleto que perdi 3 dias antes del sorteo. No me haría ningún bien que viniese un puto hada y me dijera que si en vez de negarme, hubiera ido a aquella fiesta, habria conocido a una chica famosa, preciosa, y forrada, que me hubiera hecho feliz el resto de mi vida. Mierda, ni si quiera me apetece oir lo extremadamente bien que se lo pasaron mis amigos ayer cuando salieron por la noche mientras yo me quedaba en casa porque estaba aburridamente cansado.

Pero, de este tipo de cosas, simplemente te acabas enterando. Aunque no quieras. Tampoco quería saber que habia algo mucho mejor mas allá de todo lo que yo conocía. No pedí darme cuenta de que mi concepto de felicidad habia sido tan conformista a lo largo de tanto tiempo. No quería descubrir lo parco que resultaba el diccionario si pretendías sacar de él adjetivos que describieran tu belleza.Nunca pretendí descubrir nada de esto, lo prometo.

Pero viniste tú, y me lo enseñaste. Y ahora, soy como ese niño pequeño, que antes estaba tranquilo, pero que, de repente, ve el camión de sus sueños paseando por la zona de juguetes del Corte Inglés, y no para de patalear y llorar para que sus padres se lo compren, porque no puede hacer otra cosa para conseguirlo.

Yo soy como ese niño pequeño. Llevo mucho tiempo pataleando, y llorando sin sentido. Porque te quiero desde que te ví. Te quiero de una manera irracional. Te quiero de una manera visceral, trascendente, existencial, y todos los adjetivos ridículos y sin sentido que le quieras poner detrás. Y además, te quiero para mí solo. Te quiero de la manera más egoísta que te puedas imaginar. No quiero verte feliz junto a otro, quiero verte feliz junto a mi.

Y aunque ya me he cansado de patalear y de llorar, yo, como ese niño pequeño, tampoco puedo hacer otra cosa.

lunes, 26 de abril de 2010

Vísceras

Me levanté. Apoyé mis manos sobre el mismo banco, y me levanté. Una hora antes, algo tan sencillo como levantarme de aquel simple banco, se me antojaba imposible, me parecía ridículo. Una hora antes, cuando el mundo se me había echado encima, creía que moriría ahí. Creía que no sería capaz de soportar la vergüenza y el dolor que me supondría el levantar la cabeza de entre mis piernas, y abrir los ojos. Una hora antes solo existíamos ese banco, y yo. Pero eso era una hora antes.

Después, se me pasó. Simplemente me levanté de aquel banco, y comencé a andar. Al principio, mirando al frente, mirando a nada en especial. Sentía una extraña sensación de paz, de tranquilidad. Algo parecido a esa calma que siente el que no tiene nada más que perder. El que no puede sufrir más. Andaba como si me acabaran de dar una paliza de muerte, de estas que te marcan la cara y te hacen sangrar aparatosamente, y que, cuando acaban, te hacen sentir bien como pocas veces te has sentido en tu vida, cuando por fin puedes notar, en calma, el áspero y frío roce del suelo contra tu mejilla. Andaba como si hubiera acabado de sufrir la derrota mas ineludible que te puedas imaginar, ese tipo de derrota que se ríe a carcajadas de todo el esfuerzo que pusiste para intentar, ingenuamente, evitarla. Andaba sin ninguna esperanza, sin ninguna expectativa. Simplemente andaba. Y estaba bien. Podría haber andado durante horas.

Noté un par de gotas sobre mi cabeza. Era curioso, no habia reparado en lo oscuro del ambiente, en que habia dejado de hacer sol. Era irónico. Era gracioso. Comenzó a llover, pero seguí con el mismo paso tranquilo de antes. Me gustaba la lluvia. Estaba cómodo. Daba igual que pensaran los demás, ahora daba igual, no me fije ni en uno solo de ellos, al contrario de otras veces, cuando sus miradas me reprimían y me ataban. Pero ahora no. Ahora estaba cómodo.

Seguí mi camino hasta el metro. Me dejé llevar todo lo posible por las escaleras mecánicas hasta el andén, y me senté en un banco de piedra, en uno que todavia estaba vacío. Por primera vez en todo mi camino, miré a la gente. Mirar, solo eso, nada más. Simplemente mirar.

Y estaba bien. Hasta que algo amenazó mi tranquilidad. Empecé a sentir asco. Un asco profundo, un asco que aumentaba cuanto más me fijaba en él. La ropa, la postura, la música alta del movil, pero sobretodo su mirada. Me estaba mirando fijamente, amenazante, intentando intimidar, intentando infundir miedo. Me daba un asco indescriptible. Que coño se puede tener en la cabeza para ir por ahí con la única meta de infundir miedo a los demás, de interrumpir su calma, de joder, de hacer el mal, de marcar el puto territorio como si de un puto perro se tratase. En que mierda debe de estar pensando cada vez que hace algo así, en que mierda piensa cada vez que desprecia a cualquier concepto bonito de este puto mundo con su mera existencia. Me encantaría meterme en ese cubo de basura que tienen por cabeza y experimentar por unos segundos lo que les lleva a actuar de esa manera tan repugnante.

Su mirada me reventaba. En otras ocasiones, habría conseguido su propósito, pero ahora no. Hoy no. Hoy simplemente me reventaba. Yo estaba bien, ¿por que tiene que venir él a cambiar eso? No sabe con quien se mete. Algun día se topará con un loco que le tire a las vias del metro. Quizá ese loco pueda ser yo. Estaría bien. Volvería a estar bien. Tirar a ese gilipollas a las vías del metro. Le haría un favor al mundo. Me encantaría tirarle.

El gilipollas apartó la mirada, a la vez que aspiraba los mocos, haciendo un gesto de tipo duro. Menudo tipo duro de mierda. Pero que te puedes esperar de un tío que se compra las camisetas con brillantes de la sección de mujer.

Por fin, el metro llegó. Volvia a estar bien. Me quedé de pie, en el fondo, apoyado en la pared. Dos paradas más tarde, decidí sentarme en el suelo. Desde ahi, reparé en una chica. Me llamó la atención poderosamente.

Era tremendamente fea. Tendría apenas 18 años. Estaba gorda, pero gorda de verdad, de esas gordas que no dan lugar a ambigüedades a la hora de usar un adjetivo sobre su peso. Gorda, como poco. Llevaba unas gafas a medio camino entre culo de vaso y gafas de abuela que no le favorecian nada a sus ojos extremadamente pequeños y separados. Tampoco su nariz estrecha y con aspecto de estar mal acabada al final le hacía ningún favor, pero lo peor era su boca. Su boca, con dientes medio amarillos, y alargados como si de las teclas de un piano desgastado se tratasen, era lo que la mataba definitivamente. Esa boca que hacía de su cara una eterna y perpetua mueca que no inspiraba más que estupidez y fealdad a cada segundo que era observada. Si, lo peor era la boca.

Se me empezaron a revolver las tripas. Dios. Que haría yo si naciese así. Que hace nadie cuando nace así de mal. La chica se debería suicidar. Quizá reviva, y nazca con otro cuerpo, y pueda disfrutar antes de una segunda oportunidad. No sé, yo es lo que haría. Es una posibilidad remota, pero hay que intentarlo. Cuando naces así, no hay más.

Ese día me fui a la cama dándole vueltas al tema. Imáginate por un momento que naces así. Que nada más nacer ya estas muerto. Ya eres mierda. Joder, yo si fuese asi de feo, me suicidaría. O eso pensé en ese momento, mientras, simplemente, cerraba los ojos, y me dormía, solo me dormía...

miércoles, 21 de abril de 2010

Detrás de la puerta

Lo confieso. No he dejado de hacerlo. Siempre a escondidas, cuando nadie me ve, lo he seguido haciendo todo este tiempo. Todos y cada uno de los días de todos estos años, sin excepción.

Lo sé, es terrible. Por eso me escondo, lo oculto. Que pensarían si me vieran haciendo tal aberración. Quién se lo podría imaginar. Quién me podría comprender. Quien me podría aceptar, quién me podría no juzgar.

Nadie. Es imposible. Es de esas cosas que solo te atreves a hacer cuando tienes la certeza de que nadie te ve, cuando tienes la puerta cerrada, con el pestillo echado, y estás solo en casa. Porque de otra manera, si te pillaran, sería demasiado vergonzoso. Es algo tan deleznable, que ni siquiera lo dices en alto, porque si te lo callas, parece menos real, parece que no existe, que no ocurre, que no pasa. Solo oírlo, aunque sea de tu propia voz, te ruborizaria, y te asquearía. Pero en el silencio, en la oscuridad, se hace más llevadero, se diluye. Parece que si no lo dices, nunca ha pasado.

Y piensas, que quizás, si lo dejás ahí mucho tiempo, un día, por arte de magia, dejará de ser real de verdad. Desaparecerá. Se te olvidará. Y dejarás de hacerlo. Y dejarás de atormentarte por ello.

Pero nada más lejos de la realidad. Es como meterse completamente debajo de las sábanas cuando creemos que hay un monstruo en la habitación. Es como montar una fiesta de máscaras habiendo un asesino en serie suelto por el típico instituto americano de las pelis. Es algo como eso. Es algo ridículo. Solo que en este caso, es peor. En este caso, el monstruo, es de verdad. En este caso existe. Y, si le das la espalda, te aseguro, que te comerá.

Te lo digo por experiencia. Y si no sabes de que te estoy hablando, entonces, deberías darte la vuelta ahora mismo.